Un antiguo virus podría explicar el origen de la consciencia y la memoria

El gen neuronal Arc es esencial para el almacenamiento de información duradera en el cerebro de mamíferos.

Un antiguo virus podría explicar el origen de la consciencia y la memoria

Desde tiempos antiguos, el ser humano siempre ha querido darle explicación a todo lo que le rodea, como: ¿Dónde se origina la memoria? ¿Dónde la consciencia? robandole así el sueño a la filosofía y la ciencia. Aristóteles, por ejemplo, insistía en que “la memoria no es ni una sensación ni un juicio, sino un estado o afección de uno de los dos cuando ha pasado el tiempo”. Incluso, los psicólogos y neurólogos han hecho grandes avances sobre los procesos mnemotécnicos, pero hasta el día de hoy no sabíamos de dónde venía la facultad de ser conscientes y recordar.

Ahora, un grupo de científicos de Universidad de Utah, parece tener la respuesta. De acuerdo con los expertos, en lo más profundo de nuestro cerebro reside una antiguo gen que se comporta como un virus, que existe desde antes de que nos convirtiéramos en seres humanos.

El nombre del gen es Arc y de acuerdo con estudio publicado en dos etapas (2016 y 2017), es esencial para el almacenamiento de información duradera en el cerebro de los mamíferos, ya que “media varias formas de plasticidad sináptica y está implicado en trastornos del neurodesarrollo”.

Los científicos consideran que Arc unió su código genético al genoma de los mamíferos, y ese importante fragmento genético nos acompaña hasta el día de hoy. En palabras más sencillas, Arc se encarga de empaquetar información genética y enviarla desde unas células nerviosas a otras, como si se tratará, en efecto, de un verdadero virus. Los paquetes de información podrían ser la base del sistema por el que los nervios se comunican entre sí y se reorganizan a lo largo del tiempo.

Básicamente, cuando los virus infectan un cuerpo, inyectan su código genético en las células del huésped y las obligan a que se conviertan en una especie de fábricas para replicar más el virus. Generalmente se trata de un proceso dañino, pero hay ocasiones en las que los genes virales resultan benéficos para el organismo receptor. Y este es uno de esos casos. Arc es tan útil y bueno para nosotros que por eso permanece y se transmite como una mejora de generación en generación.

El conjunto de especialistas de Utah está seguro de que Arc se encuentra todavía muy activo en nuestras células cerebrales y, al parecer, los procesos bajo los cuales se rige el pensamiento y la memoria no podrían haberse desarrollado sin ayuda de este gen viral.

En el artículo se señala que luego de que existe una sinapsis (la unión entre dos neuronas), Arc entra en acción y escribe sus instrucciones en forma de fragementos del código genético movil (ARN). Luego de que esto sucede la célula nerviosa empieza a construir una especie de envolturas de proteínas muy similares a los virus –conocidas como cápcides– a su alrededor. Las cápcides permiten a la información encapsulada dentro de ellas viajar de forma segura entre una célula y otra, de manera que van penetrando en las neuronas vecinas y compartiéndoles su paquete de información genética en una cadena que parece infinita.

Lo más curioso es que si este proceso no funciona correctamente, la sinapsis desaparece y cuando alguien presenta problemas con el gen Arc aparecen problemas como el autismo.

Según Nicholas F. Parrish y Keizo Tomonaga, miembros del grupo de expertos, el gen Arc es tan impresionante que se relaciona con procesos simples y complejos del pensamiento:

“Estos procesos subyacen a funciones cerebrales que van desde el condicionamiento operativo clásico (formas simples de recompensa y aprendizaje basado en el castigo) hasta la propia cognición humana y el concepto del ‘yo’”.

Parece increíble, pero los científicos reconocen que todavía falta mucho por saber sobre los efectos de Arc, por ello, el siguiente paso es juntarse con expertos en neurociencia y el estudio de virus antiguos para determinar con mayor precisión cómo fue posible que Arc llegara hasta nuestro genoma.

Fuente: Tomado de: http://bit.ly/2ERGDFU

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