Así se vive en los barrios más pobres de Villavicencio

Una crónica que cuenta como viven las personas de los barrios mas vulnerables de la capital del Meta.

Así se vive en los barrios más pobres de Villavicencio

Los zapatos desgatados de Camilo, de 9 años, no solo le sirven para recorrer las riberas del río Guatiquía con sus vecinos, también reflejan la pobreza en la que viven cientos de niños de Brisas del Guatiquía, uno de los barrios más humildes de la ciudad de Villavicencio, donde la inseguridad abunda, el desempleo crece, la gente aguanta hambre, la droga consume vidas y las oportunidades escasean.

En este lugar, que ha sido estigmatizado desde hace años por las diferentes actividades ilícitas que se realizan en sus calles, muchos tejen sus vidas, pero otros ven pasar sus ilusiones como estrellas fugaces. Y es que la única escuela que tiene el sector fue cerrada hace más de un año por deserción escolar.

El polideportivo donde cientos de niños salen a recrearse para olvidar la miseria que los rodea, no está en óptimas condiciones y la inversión es mínima.

Y, aunque la capital del Meta tiene una tasa de desocupación del 13,3% cuando el promedio nacional es de 10,8, según el Dane. Allí, en esas calles donde los vientos de la pobreza son cada vez más fuertes y donde muchos han perdido la vida, jóvenes, mujeres y niños tratan de escribir una historia diferente a la de sus padres y abuelos.

Con trabajo honrado luchan por salir adelante y dejar atrás un estigma social que cada día los sumerge más en el olvido del gobierno municipal, departamental y la clase media y alta de Villavicencio, la Puerta del Llano.

Jeison Baquero, presidente de la Junta de Acción Comunal del Barrio Brisas del Guatiquía, quien no terminó el bachillerato, parece un sociólogo, más que un líder comunitario, cuando habla de su barrio, sector que además tiene un gran número de desplazados: 500.

“Aquí los que nos hace falta es inversión social, programas de resocialización y empleo. Solo vea a esos jóvenes esperando una oportunidad para mejorar sus vidas y no caer en el vicio y los gobernantes no hacen nada”, dice con frustración.

Sin embargo, sabe bien que su labor es tratar de ayudarlos a construir un mejor futuro, (aunque sin ayuda), para que no terminen como otros jóvenes que han muerto en las calles de este sector.

Cerca de Allí, pero en el barrio Santa Fe, niños no mayores de cinco años conviven con drogadictos, ladrones y prostitutas, pues el único polideportivo que hay en el sector está a merced de los jibaros y las imágenes de habitantes de calle, mujeres y adolescentes consumidos por el vicio son el pan de cada día.

Es tanta la miseria, la pobreza y la crudeza de la vida que hay en esta parte de la ciudad, que parece que sus habitantes han perdido la esperanza de un cambio. Al difícil cuadro se agrega un conflicto de microtráfico: la presencia de bandas delincuenciales que hacen de las calles de este sector un infierno.

Pero aún así, la gente sonríe. Los niños salen a jugar fútbol sin importar el consumo drogas, la basura, las escenas grotescas de jovencitas con hombres que les superan la edad y las peleas por el control de la zona que protagonizan diferentes grupos delincuencia.

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